Rock and Cook

Música, comida, amor


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Eladio Santos y las cocinas del mundo. Mapa de sabores de Eladio y los Seres Queridos

Cuando le escucho a alguien decir que le gusta comer de todo, de entrada fluye una corriente de simpatía. A mí me pasa lo mismo. Y, hace unos días, me lo estaba contando Eladio Santos enfundado en un mandil rojo, de los de la colección que va formando con los muchos que le regalan, y con un tomate raf en la mano, dispuesto a preparar una ensalada en la cocina de su casa, que está en el mismo barrio de Vigo que la mía, la de Nicolás Pastoriza, Luis Santamarina de Aerolíneas Federales y, de un tiempo a esta parte, la del crooner Tony Lomba, rey de la música ligera y gran compinche de Eladio en ese dúo estratosférico que estira las canciones hasta la extenuación al estilo Deep Purple y en el que mi anfitrión se convierte en Elio dos Santos. Mis vecinos molan. Casablanca powa!

eladio 2 retocada con mandil e tomate

Retrato de Eladio Santos en su cocina con mandil y tomate raf.

Los seres queridos, que en su casa son sus dos niñas, entran repetidamente en la cocina reclamando la merienda. En realidad, la que se acerca es la mayor, que ejerce, o eso manifiesta, de paloma mensajera para la pequeña, que quiere zumo, manzana y yogur, pero escalonadamente. Y su padre, con una ternura infinita, va atendiendo las peticiones mientras desgrana sus sabores favoritos. Los bivalvos al vapor, las almejas a la marinera, la caza, los ajos con miel, el arroz largo y suelto como lo preparan en Portugal, la oreja cocida, la cocina gallega, mexicana y marroquí y “esos platos castellanos brutales”. Se ríe. “Las cosas brutas me encantan. En realidad, no hay nada que no me guste, ¡sobre todo si tengo hambre! He comido cocodrilo y podría comerme una serpiente… ¡por probar!”. En su amplio paladar, que disfruta en todo el camino que va desde la taberna hasta el restaurante gastronómico pasando por “las tapas de pie en Madrid y toda la bazofia USA”, las crudités y el sushi ocupan un lugar destacado. Le gustan el sabor a mar y comer crudo, para que se note y bien: las almejas y los jureles marinados, el pez espada, el salmón. “El sushi primero extraña y después entra; creo que triunfa porque es futurista: ligero, sabroso y visual. Son platos para disfrutar, lo difícil y fascinante es el corte, porque para cada cosa hay una manera determinada de cortar, tengo obsesión con eso”.

eladio 1 retocada

Concentrado en el corte!

Los pimientos fritos son uno de sus primeros recuerdos gastronómicos, con su madre, que fue quien le enseñó a cocinar cuando era pequeño. “Eran rojos, me veo cortándolos en tiras”. En casa, es él quien se ocupa de la cocina a diario. “Me gusta hacerlo para alguien, pero no para mucha gente, si no me pongo nervioso”. Y explica que, desde que es padre, en cierto modo ha dejado la experimentación de épocas anteriores a un lado. Pero la verdad es que a sus niñas les prepara bolitas de pescado, hace tiras con cualquier cosa e inventa rebozados deliciosos. Mientras hablamos, resulta que ya está lista la ensalada, que define, con retranca, como “cosas de mayor, comida para cuidarse”. No le gusta mezclar lechuga y tomate, por eso en este plato domina el rojo. La cebolla va picada muy finita, lleva palitos de cangrejo, almendras, limón exprimido (el vinagre lo reserva para la lechuga porque dice que “mata” el sabor del tomate), aceite “high quality” y orégano “de verdad”, cogido de la planta y secado en casa. La suma de olores de esta mezcla sencilla es impresionante. Y el sabor, pues también.

eladio ensalada retocada

El resultado apetitoso.

Cuando cocina no pone música, porque la música no le relaja y la cocina es un descanso para él. La tele, si acaso, “porque es evasión pura y así no pienso en nada y lo paso de maravilla”, y sí la radio, que le encanta. Sobre todo, escucha podcasts de historia o misterio. “La cocina tiene más ciencia, quien cocina bien lo hace bien siempre, y la música es más sentimental, puedes tener un día malo porque es emocional e inaprensible”. Su reto, añade, es hacer un plato con lo que tenga a mano en la despensa. “Para mí, en eso es en lo único en lo que se parece a la música: comer bien con lo que tengo. Favorece la creatividad, ¡con las alacenas llenas no sabría qué hacer!”.

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Una de sus últimas adquisiciones es esta Hofner alemana de 1953, una de las primeras guitarras eléctricas. Un tesoro.

Y así, con el mandil puesto, resulta que nos hemos ido al cuarto donde compone y ensaya en casa. Ahí está su colección de guitarras vintage, el piano, el ordenador y otros maquinillos de los que han salido preciosidades como “El tiempo futuro”, una de mis preferidas de Eladio y los Seres Queridos porque su voz tan linda tiene aquí matices que redondean el sentir de la canción. Aprieta unos botones y brotan algunas canciones nuevas, que le gustaría grabar este año para el próximo disco. El momento es de suma emoción y me siento afortunada por recibir la generosidad de este músico que tanto me ha hecho disfrutar en el salón, en el coche y en muchos festivales y salas. Recuerdo una entrevista que le hice en un autobús, así como a las diez de la noche, en un viaje que compartimos hacia un concierto en Madrid, cuando ya estábamos todos cansados como trapos de las horas de carretera, y aún tuvo la paciencia de responder amablemente a unas preguntitas. Pero aún no hay fecha para publicar lo nuevo. Algún tema irá sonando en la ristra de conciertos, de momento una decena, que el quinteto ya tiene programados hasta el verano. El más cercano es mañana mismo, con David Quinzán y Xoel López en la Estación Marítima. Tocar con Xoel es algo natural, han compartido escenario tantas veces… “Es así. Viene a Vigo y ¡teníamos que estar nosotros!”

 

 


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U2 e as lentellas. Lugares de onde eu veño

Están un pouco caídos en desgracia entre os gourmets musicais. Hai tantas bromas sobre U2 que o nome mesmo ten formato cliché. Cando un crítico di que o son dun grupo se asemella ao do cuarteto de Dublín non che é moi boa cousa: está significando épica gastada e ampulosa, polo xeral. Aiii. Eu débolles tanto! Apareceron un día na radio, claro. Era “Desire” (Rattle & Hum, 1988). A miña vida cambiou. Con ese disco identifiquei a Bob Dylan como o tipo con sombreiro que estaba nas portadas dos discos das miñas tías e aprendín quen eran Jimi Hendrix, os Beatles e os Stones, Billie Holiday e John Coltrane. Casi nada. Fun consciente do significado da palabra melomanía. Convertinme en fan. Rastreei libros, revistas, películas, vídeos musicais a partir de cada referencia que atopaba a través de Bono, The Edge, Adam Clayton e Larry Mullen Jr. Aprendín de memoria o rueiro de Dublín, mágoa daquela non contar co Street View. E conseguín o meu primeiro “traballo xornalístico” no fancine U2 Alternativa, que facían dous rapaces de Madrid cun folios dobrados en dous e unhas grampas. Para aquela publicación traducín letras de cancións, redactei artigos e apliquei a técnica escolar do comentario de texto, que tan bos resultados me daba no cole cos poemas de Rosalía, para facer crónicas de concertos aos que nunca fun pero que os editores, Carlos e Álvaro, me mandaban gravados en casetes por correo postal. Puro romanticismo.

Os meus pais aprenderon algunas cancións á forza de escoitaren aquela banda sonora en bucle e arrastrei canda min á miña irmá. A cousa chegou a un punto no que, con 20 anos eu e ela con 16, marchamos en tren a Lisboa para velos en directo. Como non tiñamos cartos para as entradas e a viaxe, os amigos do fancine conseguiron que puidesemos vender camisetas do grupo no concerto no posto oficial de merchandising, cousa que nos deu acceso ao Estádio Alvalade e algúns cartiños por facer un curre co que estabamos encantadas e orgullosas. A noite do 11 de setembro de 1997, Andrea e mais eu durmimos unhas poucas horas nunha bancada da Estación de Santa Apolónia, rotas e felices, antes de coller o primeiro tren da mañá de regreso a casa. Que aventura tan emocionante vivimos xuntas! Catro anos antes fora a miña primeira vez, o 22 de maio de 1993, no Vicente Calderón con Ramones e Utah Saints, na xira Zoo TV, coa miña mellor amiga (e cos seus sufridos pais!).

foto carpeta u2

Tesouros da adolescencia. Unha das miñas carpetas.

Repaso os vinilos nos que teño toda a súa discografía e miro con cariño os rostros nada sofisticados de catro rapazolos colorados que facían unha mestura de punk e de rock na húmida negrura dublinesa de comezos dos anos 80. Penso que son como da miña familia e que cando volvan por aquí, volverei velos en directo, como fixen en Barcelona e mais en Coimbra nos últimos anos. Porque é como visitar aos parentes que veñen da Arxentina, poño por caso. Foron tan cotiás na miña vida como a listaxe da compra que fago cada semana así que, se penso nun xantar que vai comigo onde queira que vou e que me aprendeu a amar a comida como U2 me fixo amar a música, aparecen as lentellas. Un prato sinxelo, barato e nutritivo que me sae moi ben e que se goza cunha culler e cun prato fondo, dous elementos que me recordan ao momento da infancia cando un empeza a comer só. Con certa frecuencia, a humildade das lentellas convirte un xantar cos meus amigos, que son esoutra familia que podemos escoller, nunha circunstancia excepcional, e iso é unha grandeza, do capítulo das grandezas que teñen as cousas pequenas.

foto lentellas de rocío torres pumeda

Un domingo de garda na oficina. Lentellas para todos. Foto cortesía da miña compañeira Rocío Torres Pumeda.

O proceso de picar as hortalizas (allo porro, apio, pemento vermello, cenoura, cabaza, cabaciña, berenxena… admite case calquera cousa que teñamos por casa) para facer un salteado é moi acaído para degustar o que eu diría que é o meu disco favorito de U2, The Unforgettable Fire (1984). A vehemencia punk dos seus primeiros anos tornouse nunha insistencia elegante que aludía ao amor desde todas as perspectivas, de dentro para fóra, que é o que levan toda a vida facendo, na miña opinión. Guiso ata que collan un pouco de cor e se lles vaia un chisco o sabor a verde, así que utilizo moi pouquiño aceite. Unha amiga cociñeira de verdade dí que este paso é innecesario, que saben igual de ben aforrando ese preámbulo. A min gústame facelo, empezar por aí.

con andrea en dublín

A miña irmá é unha das mellores cousas da miña vida. Foto friki-fan con Andrea no famoso número 9 de Earl Street, Dublín, con toda a roupa que levabamos na maleta posta enriba e un vaso de chocolate quente de Butlers. Que fríooo… para ser maio (2012).

Lavo as lentellas debaixo da billa cun coador e bótoas á pota. Cubro con auga fría e engado unha pinga de sal, outra de pementa branca, dous allos enteiros e pelados que no proceso se desfán por completo (se fago unha tarteira pequena só poño un), unha folla de loureiro e a ferver! Chegados a ese punto, hai que lles baixar o lume para que non se peguen e vixiar a cocción ata que queden tenras. Se quedan sen auga, poño un pouquiño máis, con coidado. Cando nos aproximamos ao remate, arrimo uns grans de arroz. Cunha hora debería chegar, aproximadamente; tempo para seguir escoitando mentres o cheiro das lentellas vai tomando corpo pola casa. Outra cousa boa que teñen é que admiten combinacións para carnívoros: chourizo, xamón, tenreira… E tamén notas exóticas, como unhas sementes de mostaza e unhas pinguiñas de cúrcuma, comiño, xenxibre e coentro ao final, para chegar, case case, ao sabor do dhal hindú que me aprenderon a preparar nun curso de cociña vexetariana. As lentellas, para min, garantizan a ledicia dos estómagos e dos espíritos. Ah! Pode ser que “Bad” sexa a miña canción favorita, entre as miñas miles de cancións favoritas. A que segue, é unha das interpretacións máis célebres, mesturada con “Satellite of Love” e “Walk on The Wild Side” de Lou Reed e “Ruby Tuesday” dos Stones.


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“Cocinar es una forma de decir te quiero”. Jorge Martí, cantante y compositor de La Habitación Roja

Siendo yo como soy, el enorme reflejo de muchas de mis situaciones personales que encuentro en las canciones de La Habitación Roja y la importancia que le doy a las palabras, creo que es fácil imaginar lo que sentí cuando Jorge Martí, voz, guitarra y letrista del grupo definió para mí lo que la cocina es para él. Después de un día entero viajando en la furgo desde Valencia hasta Ferrol, tras un concierto de hora y media en el Teatro Jofre y con una copa de helado de chocolate todavía en la mesa del restaurante, Jorge aún tuvo la paciencia de atender a esta entrevista sobre su alma cocinillas. Con todo el cansancio que debía tener encima en aquel momento, su actitud buenhumorada, detenida y atenta a la conversación que le estaba distrayendo del postre, ya determinaba de antemano algo más que una inclinación al asunto que le había propuesto.  Claro que yo tenía pistas sobre esa faceta suya: las fotos de paellas que el músico de L’Eliana sube a su página personal en Facebook. Si ya le admiraba por sus canciones, su ser y estar tan agradable en aquellas circunstancias y su pasión por la cocina terminaron de retratarle entre mis grandes.

amiguis con LHR Ferrol

Mis amigos, parte de La Habitación Roja y yo en el Teatro Jofre de Ferrol (16.02.13). Y cds, vinilos y varios bolígrafos😉

“Aprendí a cocinar en casa de Pau, cuando yo aún vivía en un pueblo y él con su hermano en la ciudad”, empieza a contar. Pau Roca, guitarrista de la banda, asiente con la mirada mientras termina de cenar, al igual que el miembro más reciente de La Habitación Roja, Jordi Sapena (guitarra y teclados) y Víctor García Ordines, su road manager. “Cuando me fui a vivir solo, me solté más, improvisando, probando, mezclando, soy creativo, me fijo mucho por ahí, pregunto, leo… como hago con la música”.  Recuerda con viveza sus veranos en Playa América, cuando visitaba con la familia a unos amigos de sus padres. Se iban a pasar el día a Cambados o a O Grove, estuvo en la Festa do Marisco y después regresaban a Valencia con merluzas, empanadas y conservas. “Me ponía enfermo de tanto comer”, bromea. Las giras son una oportunidad para encontrar tesoros gastronómicos. “Nos encanta probar la comida de cada sitio y descubrir platos. Y tenemos muchos lugares apuntados en la agenda. Como El Churrasco de Oro, en A Gudiña, siempre que podemos, hacemos una parada allí. Y hoy comimos un cocido maragato en Astorga. Tenemos buen ojo para buscar y si no, preguntamos a la gente”.  Espero que recuerden que no se pueden ir de Vilalba, donde tocan este próximo sábado, 24 de marzo, sin probar el queso San Simón da Costa. Por cierto, en el FIV estarán al completo, con el batería José Marco y el bajista Marc Greenwood. Apuesto algo a que tocarán alguna canción nueva, como hicieron en Ferrol, porque ya tienen casi listo el repertorio para grabar otro disco que es posible que salga antes de que acabe el año. “Ya estamos poniendo la maquinaria en marcha”, avanza.

LHR Ferrol, 16 feb 2013

Mientras sonaba “La segunda oportunidad”. Teatro Jofre, Ferrol (16.02.13)

Aunque se pone “con lo que sea”, la paella, el símbolo más reconocible de la mesa valenciana, es la especialidad de Jorge.  “Como ocurre en todas partes, hay que buscar los restaurantes adecuados, porque no valen todos y después la gente se marcha de bajón. Es un plato que ha sido muy maltratado, por eso es importante no equivocarse”.  Dice que, en cuanto al arroz, sobre todo “me gusta comerlo”. “La paella es algo ancestral. Desde el momento de la compra, todo el proceso es una liturgia que incluye a la gente opinando alrededor de los fogones”.

paella de pollo y conejo

Paella clásica de pollo y conejo. Cortesía de J. Martí

Desde hace unos cuantos años, Jorge vive en Noruega con su mujer y sus dos hijas. Allí no encuentra todos los elementos canónicos, como el conejo o las judías verdes planas. Entonces, se adapta. Tira de pescados y mariscos, que compra directamente a los barcos que llegan al puerto local, y rastrea las tiendas de los inmigrantes en busca de otras verduras. La cocina hindú y las especias también le interesan mucho y disfruta viendo preparar las mezclas olorosas y llenas de colores de polvos y semillas.

paella de marisco con all i oli

Paella de marisco con all i oli. Cortesía de J. Martí

paella de rape y calamares

Paella de rape y calamares. Cortesía de J. Martí

“La misma receta con los ingredientes exactos no tiene el mismo sabor cocinada por dos personas distintas. Hay un sabor Pau, está el de mi madre y el mío es diferente. Influyen los estados de ánimo y creo que si cocinas enfadado se nota, no te salen tan bien las cosas”. De ahí, la música que pone para cocinar: “Algo tranquilo, agradable, bonito, cálido, sin estridencias… Como Bon Iver o Magnetic Fields”.

“En casa cocino yo”, afirma sin fisuras. “Es una forma de decir te quiero a mi familia, a mis amigos, al grupo. Cocinar es una manera de expresar gratitud y amor hacia los demás, lo es incluso para esas personas que no son capaces de decírtelo, pero que te lo demuestran con un plato encima de la mesa”.

Jorge cocinando

En busca de “su” sabor. Cortesía de J. Martí


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“La cocina es como un concierto”. Iago Castrillón responde al “Cuestionario Proust” de Rock and Cook

Antes de que supiésemos que se llamaría Antón y de que, a los dos años que acaba de cumplir, le iban a encantar los monstruos, su madre y yo fuimos a celebrar que una lenteja latía en su barriga. Así que me planté en Santiago con el coche y pisé Acio por primera vez, el restaurante que Paula había elegido para darnos aquel homenaje. Mi amiga es de las mías: todo lo festejamos comiendo. Volvimos más veces, y nunca seré capaz de recordar qué cenamos aquella noche llena de emociones en el presente y proyectadas en el futuro; tengo claro, en cambio, que los sabores deliciosos e inesperados de aquel menú degustación están unidos en mi memoria sensitiva a este niño, tan pequeño, alegre y expresivo, con un carácter ya inclinado hacia las cosas buenas de la vida. Antón es un optimista militante. Un entusiasta.

empanada acio

Empanada de pulpo seco a la llama. Cortesía de Restaurante Acio.

Iago Castrillón, el dueño de las manos por las que pasan todos los platos de Acio, también es un fan. Del fútbol, de la música y, sobre todo, de su trabajo, al que ha cedido la mayor parte de las horas de sus días. Tanto es así que ya no echa de menos ese deporte y que le cuesta un rato acordarse de que el último concierto al que asistió fue el de Red Hot Chili Peppers en el Monte do Gozo en 2004. “No tengo tiempo”, repite en varias ocasiones mientras hablamos. Sin embargo, hay cosas que añora. “Estoy pensando que tengo que recuperar una costumbre que tenía: la de escuchar música con los cascos mientras iba a la compra. Era un ratito que tenía para mí y para evadirme un poco del mundo”. Para su playlist escoge a Arcade Fire, Bon Iver, Woods, Animal Collective, The Shins, Tame Impala, Alt-J, Fleet Foxes, Deerhunter, TV On The Radio…Compensa su hambre de escuchar poniendo la radio en la cocina, Radio 3 siempre, sobre todo durante la mañana, “para no perder la concentración”. ¿Sabrías decirme los nombres de los programas? “¡Claro que sí! Hoy empieza todo y 180 grados, y los sábados, Mundo Babel”.

(Lo que me ha costado poner solo un tema de este grupazo… ¡Qué bien que Iago me los hizo recordar! T. C.)

“La música siempre me gustó, con los años, te vas fijando en un estilo u otro. De pequeño me encantaban Nirvana y el hip hop, ahora tengo un abanico más abierto”, explica. “Un concierto. La relación entre mi trabajo y la música es que se parece a un concierto: tienes dos o tres horas para darlo todo y después, ¡se acabó! ¡Y además nosotros también hacemos giras muy largas!”, dice entre risas. “La sintonía es otro parámetro importante en ambas ocupaciones y creo que la música, aún en el bar más a tope, es fundamental para comer. Un lugar sin música parece más vacío; aunque casi no se escuche, notarías que no la hay si faltase”. La sumiller Eva Pizarro, la otra mitad del cerebro de Acio, es quien se ocupa de la música que suena en la sala, con preferencia por el soul y el jazz.

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Iago Castrillón. “Cocinero Revelación” en Madrid Fusión 2013. Cortesía de Restaurante Acio

  • ¿A qué suena tu cocina?
  • A música en la mise en place y a sinfonía gastronómica durante el pase. Y el lavavajillas al final del día… jejeje!!!
  • Tu instrumento preferido.
  • Cuchillo, mi objeto fetiche.
  • Cocinas para…
  • Los demás.
  • Un olor.
  • El del vino fermentando.
  • Un sabor.
  • El amargo de los grelos de Lugo.
  • Un ingrediente.
  • La sardina.
  • Esa canción que te viene a la cabeza cuando…
  • Es dificil, cada plato inspira un género diferente.
  • Un plato para firmar la paz.
  • Un gran cocido gallego con todos sentados alrededor de la mesa.
  • Un lugar.
  • Japón.
  • Sueñas con…
  • Que todos los de mi alrededor sean felices.
  • Y tú, ¿a qué suenas?
  • Al hervor de una pota a fuego lento.


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Lo que cocina (y come) Iván Ferreiro, un par de recetas y un cóctel. Incluye primicia.

Es posible que sea el músico al que yo haya hecho más entrevistas en todos los años que llevo trabajando. Creo que por todos los curros por los que he pasado, unos cuantos ya, me ha tocado más de una vez hablar de Iván Ferreiro: el comienzo de su carrera en solitario, el lanzamiento de un disco nuevo, la nominación al Grammy, su primer bolo en el Teatro García Barbón de Vigo, un concierto-expedición de músicos vigueses en Madrid, un recital benéfico por Navidad. Por esa coincidencia, y por lo que sus canciones han hecho con mi vida, nada me parecía más oportuno y más simbólico que hacerle a él mi primera entrevista en la cocina. E Iván me invitó a la suya.

“Es la estancia de esta casa en la que pasamos más tiempo”, me dice en cuanto nos sentamos a una mesa en la que percibo que, efectivamente, caben muchas personas. “La familia viene todas las semanas y cuando hay una fiesta, un concierto o un festival, como ocurrió en Portamérica, ¡acabamos cocinando todos aquí!”. Del piso inferior ascienden unas notas y las voces de su hermano Amaro y Martiño Toro, uno de los miembros de su banda, guitarrista y mucho más. “Estamos componiendo algunas canciones”. Me gotea el colmillo. Los dos geniecillos suben las escaleras y se despiden, después de quedar para el día siguiente. También estaban preparando el debut del grupo en Londres, previsto para el sábado siguiente, 2 de febrero. Piño Prego, profesional entusiasta y ubicuo de la web Vigópolis, estuvo allí.

http://www.vigopolis.com/tv/938.html

“Los científicos dicen que los sabores, los olores y la música comparten el mismo rincón en la memoria, por eso tienen la capacidad de transportarnos. Cocinar tiene mucho que ver con hacer canciones, porque combinas muchos elementos y una cosa te lleva a otra, a dos, a tres, y, además, es un descanso muy bueno para los que nos dedicamos a esto. Hacer una macedonia de frutas, por ejemplo, es fácil y mecánico, es un proceso que ocupa una secuencia temporal y en el que la química construye algo distinto. O una salsa de tomate, la primera receta que aprendí de mi madre, a los doce años. Picas cebolla y ajo, añades tomate, azúcar y sal y, a partir de esa base, le añades lo que quieras: pimiento, zanahoria…”.

¿Y qué es lo que te gusta cocinar? “Yo le doy a todo: improviso, aprendo yendo a comprar y si pruebo algo que me gusta busco la receta. Hago sopa de cebolla, pollo al horno, pasta… Últimamente estoy mucho por los pescados, soy muy fan del pescado. Escojo una lubina y pregunto en la pescadería cómo prepararla, para hacerlo de forma distinta. Ahora tengo ganas de probar los erizos de mar. Yo podré ser mejor o peor cocinando, habrá cosas más exquisitas seguro y no soy un chef, pero ¡yo sé dar de comer!”. La cocina le encanta por placer: “admiro a los cocineros, porque si yo tuviese que pensar cada día qué preparar… ¡perdería la pasión en cuestión de segundos! Ahora bien, cuando estoy solo, me dan las horas cocinando y elijo preparar exactamente lo que me apetece en ese momento”. Claro que pone música para cocinar. El soul es una de sus preferencias, los Blues Brothers y los Alabama Shakes se dejan caer por la cocina y con Aretha friega los platos a todo trapo. Y, sobre todo, sintoniza una radio del iTunes, Jazz Classic Sky FM, especializada en esa prehistoria del jazz cuando era swing tocado en salones para bailar. “Es alegre porque es música para divertirse; como no había reproductores en las casas, unos tocaban y otros bailaban y todos se lo pasaban bien de ese modo”.

Temporadas en Madrid, la familia, el proceso de componer, la soledad, los ensayos y el año y medio que lleva de gira, “porque tengo la suerte de no parar de tocar”. “Cada semana tengo al menos cinco métodos de vida diferentes”. En medio de todo ese frenesí ha probado cosas que no le gustaron nada y muchas exquisiteces. “En realidad me gusta de todo y creo que hasta desconfío un poco de la gente que nunca prueba nada y a la que no le gusta comer, aunque respeto que haya alimentos o platos concretos que, por la razón concreta que sea, no te gusten”. De lo mejor, guarda una lista grabada en la memoria de los sentidos. “¡Las fresas son espectaculares! Por diseño y por sabor, ¡si Dios existiese serían una de las pruebas de su existencia! Y el atún crudo es lo más rico que hay, recuerdo el tartar que hice anteayer… ¡Pero cómo preparan el pescado en Galicia no lo preparan en ningún sitio! A Manolón, que siempre viene con nosotros, y a Amaro les flipan las sopas castellanas. Las épocas que pasamos en Francia grabando dos discos de Piratas fueron un delirio. El cocinero que trabajaba para el estudio siempre nos tenía una fuente con quesos y me acuerdo de unos corazones de oca que nos preparó alguna vez… Hacía la mejor sopa de cebolla que he probado en mi vida. Su receta consistía en sofreír en mantequilla un kilo de cebollas, una pizca de pimienta blanca y medio vasito de brandy, que le daba el puntazo, y cuando el alcohol estaba reducido, añadía un litro de caldo de pollo. Servía en el plato con un poco de queso emmental rallado, que se quedaba en bolitas en la sopa, y acompañaba con una tostada de pan con ajo calentada en el horno… ¡Nunca conseguí que me saliera igual!”.

Los cócteles son su nueva pasión. Y sí, hubo demostración en vivo aquella tarde de enero, con frío y lloviendo fuera de su casa. Delante de unas tazas vintage de cobre y grabadas propias del Moscow Mule, Ferreiro preparó el famoso combinado de los años 40. “Vodka, limón exprimido, clara de huevo y sirope de azúcar a la coctelera”. Hielos en las tazas cuartelarias, Fever Tree y unas rodajas de pepino para servir.

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Curso de preparación de cócteles con Iván Ferreiro. Agitando unas mulas moscovitas.

La mula moscovita llevó la conversación por las redes sociales, la política, los telediarios, la industria musical y… el disco que está en el horno y que, probablemente, empezará a grabar este verano. Y, en ese momento, abrió el MacBook y escuchamos los latidos de las canciones ni siquiera recién nacidas. Preciosas y frágiles, como la ecografía de un bebé. Había valles y ascensos, como cuando distingues la boquita, la naricilla, las manos o los pies. Están rodeadas de amigos protectores como el líquido amniótico y todas tienen nombre ya, denominaciones ligadas al contexto vital y a la realidad, vivida o soñada, de su autor, como los hijos muy esperados. Creo que son fruto de un buen momento. “Me parece que son más alegres”, conseguí balbucear, impresionada yo por los secretos compartidos. “¡Yo siempre hago los discos pensando que lo son!”, se ríe, “aunque en este caso sí creo verdaderamente que son canciones más alegres”.

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El delicioso resultado. Iván Ferreiro tocará con Leiva en Vigo el próximo 9 de marzo dentro de la gira que están realizando juntos (Teatro Novacaixagalicia) y en solitario en Santiago el 5 de abril (Pub SónaR, ciclo SantiAutor 2013).


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Salada de afumados e como o que parece frío pode ser ardente

Algún día lle terei que perdoar ao meu amigo Jaime que tivese que casar en Francia xusto na fin de semana en que tocaban en Vigo The XX, no I Festival Vigo Transforma. Teño máis motivos para facelo que para seguir vivindo con esa pica, se boto contas. Primeiro, porque ese festival só sobreviviu dúas edicións, 2010 e 2011. Unha mágoa. Segundo, porque o ano pasado estaba no Primavera Sound de Porto e volvín a casa o día en que os de Londres tocaban nese marabilloso Parque da Cidade de Matosinhos para xantar coa miña avoa e para ir ver a Sr. Chinarro na sala Karma de Pontevedra, que me caeu simpático cando o entrevistei para o periódico e que fai unhas cancións ben xeitosas. Terceiro, porque cando estiveron en Madrid en novembro pasado, simplemente non tiña o forno para bolos. Así que, deste exercicio de escrita autoanalítica deduzo que, no 66% dos casos alomenos, perdín as tres oportunidades de velos que se cruzaron no meu camiño por actuar baixo a miña responsabilidade. Conta saldada, pois. A pouco que reflexionemos, aos Escorpio pásansenos os cabreos tan axiña como nos encendemos, é dicir, varias veces ao día. Vivir con paixón é así.

O que me pasa con Romy Madley Croft é un vello asunto. Hai moitos anos que teño debilidade por voces como a de Beth Gibbons, tanto á fronte de Portishead como o que fai agora, ou como a de Tracey Thorn, de Everything But The Girl. Son voces suaves, entoan letras case sempre tristes envoltas en bucles como mecedoras. Recentemente, e cuns gintonics no Choco (un dos meus bares favoritos de Vigo) por diante, o meu amigo Pedro tróuxome á memoria este clásico e fun un pouco máis feliz por volver tararealo, baixiño, dentro do casco cando me levou en moto a casa.

Gústame o estado melancólico no que me sitúan de inicio. Si, é creativo e sensible. Semellan construír fortalezas de dor altísimas e intocables. Distantes. Esvaradías como unha copa balón atiborrada de xeos. Pero vexo que a porta está aberta. Eu, como case tod@s, sei do que falan. Entón entro e choro canda elas e os ollos póñenseme máis verdes.

Reparo en que a sensación que me invade é dun desafogo moi pracenteiro. Esa música que conmove e remove o meu interior conéctame cos sentidos. Decátome de que estaba mergullada e que por fin xa estou nadando na superficie, de regreso. Respiro. As cousas que semellan frías poden acabar resultando explosivas. E na mesa, que é unha descrición en clave do mundo, tamén acontece. Nunha cea familiar, a miña tía Mayaya fixo unha salada que teño que compartir. Todo o que leva é de bote ou natural e non hai que cociñar nada. Cómpre só trocear (o tamaño é ao gusto, eu prefiro cortes pequenos): palometa encarnada ou salmón, anchoas, millo, palmitos, alcachofas, mazá, mango ou piña e aguacate. Esta é a receita orixinal, a partir daí cadaquén pode inventar! Despois hai que montar un pouco de nata e remexer para que cubra todos os ingredientes. Para adornar, unhas olivas negras e pebidas de granada. O resultado é moi estético grazas a estes dous elementos e, ademais, aportan un extra de sabor a unha combinación moi interesante. Parece un prato frío… e cada bocado é espectacular.

Salada de afumados de Mayaya

A salada de afumados de Mayaya triunfando na mesa de Noiteboa😉


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“Para seguir criándome”. Diego Giráldez escribe para Rock and Cook.

Sobran violinistas mercenarios. Cobran por horas nos restaurantes
románticos. Atacan polas costas ás parellas que non queren reconciliarse.
Desafinan o menú. Disparan versións adaptadas para violín dalgún tema de
Richard Clayderman porque “o “Mashed Potatoes” de James Brown botaría a
perder a noite e o soufflé”, din. Mesturar música e gastronomía sen que
provoque refluxo gástrico non é doado. Hai que calibrar.

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